Un mundo enfermo y una sociedad ciega, sorda y muda.
Abrió los ojos y una luz brillante le cegó, la cabeza le dolía intensamente, no podía abrirlos bien, había mucha luz donde se encontraba. Después de un rato sus ojos se acostumbraron al brillo del ambiente y empezó a distinguir los objetos a su alrededor, no todos los distinguia, pero algunos los había visto en algún lugar, sin embargo no recordaba muy bien donde. Trató de acordarse que le había pasado y se levantó bruscamente de la cama donde se encontraba, pero con el mismo impulso cayó al suelo y nuevamente quedó inconsciente.
Al abrir los ojos esta vez, ya no había tanta luz, por el contrario el aposento se encontraba oscuro, y al tratar de levantarse encontró a otra persona a su lado, era muy extraño la pose en la que dormía, no entendía como esta persona descansaba de esa manera.
Al tratar de levantarse de la cama, su acompañante se despertó y al verlo, se limpió los ojos y le dijo –ya recobraste la consciencia, ¿cómo te llamas?- el niño la miró extrañado pues nunca la había visto antes y se quedó pensando, después de un rato le contestó –no sé.- el niño estaba desubicado, no recordaba nada, tenía mucha hambre y le dolía todo el cuerpo.
La señora le dijo –yo me llamo Natalia, no te preocupes debes estar muy cansado, después te acordaras de tu nombre-. El niño la miró de nuevo y le preguntó -¿Dónde estoy?- Natalia lo miró y le respondió –una señora te encontró en un parque tirado, pobre pasaste toda la noche ahí, así que ella llamó a la policía y te trajeron aquí-. El niño le pregunto de nuevo -¿Dónde estoy?- y ella le respondió –estas en el hogar Sagrado Corazón- -y ¿qué es esto?- le volvió a preguntar el niño –es un hogar para niños, no pudimos encontrar ninguna documentación contigo y las huellas digitales no aparecen en las bases de datos nacionales así que te trajeron aquí.- Una vez más el niño le hablo pero esta vez le dijo que tenía hambre, Natalia le dijo que la acompañara preparar algo con lo que hubiese en la concina, pero cuando la chica se levantó, se dió cuenta que el niño seguía en la cama mirándola extraño y le dijo –vamos- y el niño le pregunto –¿a dónde vamos?- la chica le dijo –a la cocina- -¿qué es una cocina?- le pregunto el niño y la señora se quedo mirándolo extrañada y le dijo –pobre, todavía estas desorientado sólo ven conmigo te voy a dar comida-.
En el corredor el niño miraba todo a su alrededor, cuando vio una ventana se acercó corriendo, estaba muy oscuro no veía sino siluetas de figuras extrañas, notó que todo estaba muy silencioso. A medida que iba subiendo la mirada se dio cuenta que había una línea que dividía el horizonte, arriba era como un color rosado, extraño, hacia la derecha se difuminaba con un azul oscuro nítido donde brillaban unos pequeños puntos blancos, un poco titilantes y mas allá vio la cosa más hermosa que jamás hubiese visto: Un enorme circulo blanco con manchas grises que se quedó mirando por un buen rato. Mientras Natalia lo esperaba se dio cuenta que el pequeño estaba hipnotizado con la luna, se le acercó y le preguntó: -¿te gusta?- -si- dijo el niño y se quedaron en silencio un rato -¿qué es?- le preguntó el pequeño con un tono inocente. Natalia lo miró asombrada, cada vez que hablaba algo con él se quedaba más sorprendida –¿no te acuerdas de la luna? ¿Qué te habrá pasado pequeño para que no te acuerdes de absolutamente nada? Vamos- tomó al niño de la mano y se lo llevó directo a la cocina.

1 comentario:
Podría entonces funcionar bien como primer capítulo de la historia, o ir a él como un recuerdo del personaje, eso lo puedes decidir más adelante.
Publicar un comentario